Pero ¿qué es precisamente un sujeto autónomo? ¿Tiene esta noción un sentido en la medida en que el “sujeto”, como a menudo se tiende a desconocerlo, es en latín el “subjectus” que designa el estado de quien está sometido? Entonces el sujeto es ante todo el sujetado, el sometido. ¿Pero sometido a qué?
― El arte de reducir cabezas - Dany Robert Dufour (via doaiviquotes)

dioxy:

I have the exact same eyes as my dad (only in shape, not color) and sometimes I wonder if he feels the same way I feel when I cry.

-¿Cuál es el camino correcto, padre? –preguntó al fin-, ¿cómo puede uno discernir este camino de los demás?
-Si vas en la dirección en la que tu miedo crece, vas por buen camino.
― El último amor en Constantinopla - Milorad Pavic (via doaiviquotes)

demeaniac:

demeaniac:

“No homo” I whisper, filled with bewilderment. Indeed, there are only Australopithecine around. It’s the Pleistocene epoch.

Fuck you guys, I read a whole Wikipedia article for this.

  • Random Guy at Bar: Your hair is really, really pretty.
  • Me: [Blushing] Thanks. I don't know if you watch Game of Thrones but -
  • Random Guy at Bar: Yeah, I do, you look like a proper Khaleesi.
  • Me: [Beams]
  • French: This chair is feminine! "La Chaise!"
  • Italian: This chair is feminine! "La sedia!"
  • German: This chair is masculine! "Der Stuhl!"
  • English: This chair is a fucking object, I don't see a skirt or a pair of trousers anywhere on its cold hard surface, you people are fucking insane.
  • My mind speaks English, my heart speaks Russian, and my ear prefers French.
    Vladimir Nabokov, trilingual writer that understood the very different personalities of the languages he spoke. (via diluvie)

    (Source: linguisticsyall)

    En el nuevo arte no amas a nadie.
    El viejo arte reclama el amor.
    En el arte no puedes amar a nadie. Solo en la vida real amas a alguien.
    ― El nuevo arte de hacer libros, Ulises Carrión. 
    ¿Qué es más significativo: el libro o el texto que contiene?
    ¿Qué es primero: el huevo o la gallina?
    ― El nuevo arte de hacer libros, Ulises Carrión. 

    Felices los normales, esos seres extraños,
    Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
    Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
    Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
    Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
    Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
    Los satisfechos, los gordos, los lindos,
    Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
    Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
    Los flautistas acompañados por ratones,
    Los vendedores y sus compradores,
    Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
    Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
    Los delicados, los sensatos, los finos,
    Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
    Felices las aves, el estiércol, las piedras.

    Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
    Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
    Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
    Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
    Y más devorados por amores calcinantes.
    Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

    ― Felices los normales, Roberto Fernández Retamar. 

    No hay pruebas.
    Las pruebas son que no hay pruebas.
    No estaban, no están, no estarán dadas las condiciones.
    Creer porque es absurdo,
    Y creemos.
    Más absurdo que creer es ser,
    Y somos.
    Nada garantiza que fuera menos absurdo
    No ser ni creer.
    Las llamadas pruebas yacen por tierra,
    Húmedas reliquias de la nave.
    Se derrumbaron las estatuas mientras dormíamos.
    Eran de piedra, de mármol, de bronce.
    Eran de ceniza,
    Y un grito de ánades las hizo huir en bandadas.

    No guardar tesoros donde
    La humedad, los bichitos los mordisqueen.
    No guardar tesoros.

    El tesoro es no guardarlos.
    El tesoro es creer.
    El tesoro es ser.

    No existen las hazañas ni los horrores del pasado.
    El presente es más veloz que la lectura de estas mismas
    palabras.
    El poeta saluda las cosas por venir
    Con una salva en la noche oscura.
    Sólo lo difícil.
    Sólo lo oscuro.
    Y contra él, en él, el fuego levantando
    Su columna viva, dorada, real.

    El amor es
    Quien ve.

    Una salva de porvenir, Roberto Fernández Retamar.
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